**Nota de la autora:** Este artículo aborda un tema complejo que genera mucho ruido en redes y medios. He escrito esto desde mi perspectiva clínica, pero buscando que sea accesible para cualquier persona—madre, padre, educador, o simplemente alguien que quiere entender qué está pasando realmente. Por eso es más largo de lo usual. Porque este tema no se puede resumir en puntos. Te pido que leas hasta el final. No para que estés de acuerdo conmigo, sino para que tengas la información completa antes de sacar conclusiones. Es lo que hacemos en terapia: escuchar todo antes de opinar. Los niños lo merecen.

Hay un documental. Hay millones de vistas. Hay dos bandos peleando. Y en el medio, completamente invisible, hay algo que importa más que todo eso juntos:
Los niños. Como personas reales. No como argumentos.
No como bandera de nadie. Como seres humanos en desarrollo, vulnerables, que merecen algo más que un ruido ensordecedor de adultos que ni siquiera hablan entre sí.
Eso es lo que quiero decir hoy.
Lo Que Sí Es Cierto (Y Casi Nadie Lo Dice)
La identidad en la infancia no es fija. No es accidental. Es un proceso complejo, no lineal, absolutamente impredecible.
La investigación clínica lleva décadas diciéndolo: la mayoría de los niños con indicadores tempranos de incongruencia de género crecen para convertirse en adultos cisgénero, frecuentemente con orientación homosexual.
Esto no significa que su experiencia no sea real. Significa que el tiempo, el vínculo y la escucha son herramientas clínicas antes que cualquier intervención.
Eso se llama “espera vigilante”. No es una postura ideológica. Es precaución clínica.
El Cerebro Adolescente En Construcción
Un adolescente de 13, 14, 15 años no sabe quién es. No sabe si le gustará lo mismo en cinco años. Su corteza prefrontal—la responsable de evaluar consecuencias y controlar impulsos—no termina de desarrollarse hasta los 25 años.
Eso no es una metáfora. Es neurociencia.
Y sin embargo, estamos hablando de decisiones médicas permanentes. Irreversibles.
Nadie debería tomar esa decisión por un menor. Ni los padres que apoyan incondicionalmente. Ni los que rechazan. Ni el sistema médico bajo presión. Ni el documental.
Lo que un adolescente necesita no es que alguien decida quién es.
Es que alguien le dé el tiempo y el espacio para descubrirlo.
Lo Que El Debate Público Ignora
Cuando un niño llega a mi consultorio con preguntas sobre su género, lo primero que no necesita es una respuesta rápida.
Necesita un espacio seguro para explorar.
La identidad se construye en capas. Con un cuerpo que cambia. Emociones que desbordan. Relaciones que sostienen o fracasan. Traumas que hablan por debajo.
En la adolescencia actual, “lo trans” puede ser una vía para explorar normas, expresar malestares, buscar identidad. Una forma de rebelión propia de la etapa.
Eso no hace la experiencia falsa. Pero nos obliga a ir más despacio.
Un psicólogo clínico que trabaja bien no valida de entrada ni refuta de entrada. Acompaña. Pregunta. Espera. Mira el contexto.
El Problema Real
El problema no es el documental.
El problema es que este debate se da en dos extremos que no se hablan.
De un lado: quienes ven una amenaza en cualquier cuestionamiento. Del otro: quienes ven una “fábrica” de identidades artificiales.
Y en ninguno está sentado el niño.
Estudios científicos señalan que se necesita mayor investigación sobre los efectos psicológicos y físicos de la supresión puberal y tratamientos hormonales en pacientes jóvenes.
Eso no es negacionismo. Es honestidad científica.
Lo Que Sabemos Con Claridad
Los menores con angustia sostenida sobre identidad necesitan atención profesional. Punto.
No necesitan que sus familias entren en pánico. No necesitan que las redes sociales decidan. No necesitan que un documental los use como argumento. Y no necesitan que los sistemas de salud actúen bajo presión ideológica—en ninguna dirección.
Cualquier intervención clínica debe seguir principios de rigor científico, ética y cautela frente a tratamientos crónicos e irreversibles.
Eso aplica siempre.
¿Y Qué Hacemos Con El Documental?
Verlo con ojos críticos si decides verlo. Hacerse preguntas incómodas. Eso está bien. Es sano.
Pero si tienes un hijo, una hija, un adolescente cercano que está atravesando preguntas sobre quién es:
Lo más útil que puedes hacer no es buscar respuestas en YouTube ni en TikTok.
Es buscar un profesional que sepa escuchar antes de concluir.
Eso se llama buen encuadre clínico.
Y los niños lo merecen.
Sobre la autora
Soy Johana Suden psicóloga clínica con práctica en Bogotá, Colombia, especializada en desarrollo de identidad en adolescentes, género, y acompañamiento clínico cauteloso en contextos polarizados.
Trabajo con adolescentes que se sienten incomprendidos, que están atravesando momentos difíciles, y con padres que quieren recuperar la conexión con sus hijos, pero no saben cómo.
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