Por: una mujer que antes usaba lencería y ahora colecciona pijamas de algodón

Un día estás babeando por él, suspirando con solo verlo…
Y al siguiente, lo ves sentado en el sofá, en calzoncillos con huequito, viendo videos de TikTok de motos, y piensas:
“¿Quién eres y qué hiciste con el hombre que me mandaba audios con voz sexy a las 2 de la tarde?”
Bienvenida. Estás en la etapa del amor versión adultos funcionales: horarios, hijos, cansancio y una lista de mercado más larga que tu lista de deseos.
Pero hey, no es que el amor se murió. Solo… está echándose una siestica larga.
La buena noticia: podemos despertarlo.
(Sin café, pero con intención).
Señales de que la rutina se los tragó:
- El único contacto físico es cuando te pasa el cargador.
- Se dicen “amor” como quien dice “vecino”.
- Los besos se volvieron trámites.
- El “¿hacemos algo esta noche?” ahora significa ver una serie hasta que uno se quede dormido (spoiler: siempre eres tú).
¿Y ahora qué?
¿Nos divorciamos por Zoom?
¿O le metemos chispa otra vez?
Aquí van ideas reales, probadas por personas reales, con hijos, estrés y cero ganas de pelear:
Saquen la relación de la cocina
No todo tiene que girar en torno a si ya se acabó el jamón o si le puso mantequilla al pan del niño.
Hablen de otra cosa. De ustedes. ¿Se acuerdan de eso?
Ese “ustedes” de antes del caos.
Plan de cita improvisado (pero sin pijama ni crocs)
Salgan. A donde sea. Parque, cafetería, esquina con cerveza.
Pero solos, sin interrupciones y sin hablar de pendientes.
Reencuéntrense.
A veces solo se necesita una buena carcajada para recordar por qué todo empezó.
Besen sin plan. Toquen sin destino. Jueguen sin guion.
No todo encuentro tiene que terminar en sexo olímpico.
A veces solo hace falta reencontrarse con esa piel conocida… pero olvidada.
El deseo se calienta con presencia, no con presión.
Si ya intentaron todo y siguen más fríos que la alacena… vayan a terapia
Cero drama.
No es “porque estamos mal”, es “porque queremos estar mejor”.
Pensalo como ponerle aceite al carro.
O mejor: como pedir ayuda para no perder lo bonito que ya tienen.
Final feliz (y no hablo solo de eso 😉)
La rutina no mata el amor. Solo lo pone en pausa.
Y a veces, solo hace falta volver a mirarse distinto, reírse con ganas, decir “me haces falta” y no tener miedo de intentarlo otra vez.
Porque el amor cambia, pero si se cuida…
se transforma en algo mucho más poderoso que el “flechazo”.
Spoiler: sí se puede reconectar.
Pero toca salirse del piloto automático.
Ahora sí, ¿quién más se apunta a besarse como si tuvieran 23, pero con la sabiduría y experiencia de esta edad?
¿Y si todavía hay amor, pero ya no se nota?
Si leyendo esto te diste cuenta de que hace rato no se miran, no se tocan o no se dicen nada bonito que no empiece con:
“¿Y los niños ya comieron?”… no estás sola.
En consulta, cada semana acompaño a parejas que también se cansaron de estar cansadas. Que quieren volver a verse sin filtros, sin culpas, sin manuales imposibles.
Así que si sentís que el amor sigue ahí, pero medio empolvado entre la rutina y el WiFi…
escribime. Agendemos una primera sesión.
A veces, el primer paso no es besar más… sino hablar de lo que ya no se dice.

¿Te sentiste identificado con lo que leíste?
A veces, lo que más necesitamos no es una respuesta inmediata, sino un espacio seguro para entender lo que sentimos.
Si este artículo tocó una fibra en ti o crees que tu hijo adolescente podría necesitar acompañamiento, estamos aquí para ayudarte.
💬 Agenda una cita y conversemos.
🤍 La primera conversación puede ser el primer paso para transformar lo que hoy parece confuso o doloroso en claridad y bienestar.


